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¿Cómo estudiar? - Aprender y recordar 6ta parte PDF Imprimir E-mail

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¿Cómo estudiar? (Aprender y recordar) 6ta parte
 
  Fuente: Luis Illueca - CÓMO ENSEÑAR A ESTUDIAR


Se estudia para saber. Saber es comprender y recordar. Si no se recuerda lo estudiado es que no se ha aprendido. Aprender implica re­cordar.

Hemos hablado de los métodos fundamen­tales para estudiar, y quedarían incompletos si no tratáramos de recordar mejor, de apren­der con fijeza y de evocar con rapidez y precisión.

La memoria es fundamental para el estu­diante y para· todas las actividades del hom­bre, pero en general, sólo la empleamos en un 10 por 100 de su capacidad.

Ha habido épocas en que la memoria era te­nida como una de las facultades fundamenta­les. En otras, se ha considerado como una de las capacidades que menos diferencian al hom­bre de los animales, puesto que ellos también la poseen, y por consiguiente, se ha puesto el acento en cultivar otras que como el razona­miento, la reflexión, son propiamente hu­manos.

De ahí, el enfrentamiento memoria-reflexión. Para unos lo importante es aprender, recordar, disponer de datos y evocarlos con precisión y exactitud. Para otros, lo verdaderamente im­portante es aprender, comprender, penetrar en el sentido de lo que se lee o escucha. En esa penetración está, para algunos, la esencia del aprender, sin tener en cuenta que sin la memo­ria no es posible esa asimilación, incluso esa cultura, ese pozo cultural que queda de cuanto se ha sabido y se ha olvidado.

El problema radica en dos posiciones extre­mas: memorismo, racionalismo. Una 'postura intermedia, integradora de ambas, es dar a cada una su justo valor.

Aprende lo que estudies y entiende lo que aprendas, es decir, aprende de memo­ria sólo lo que entiendas y comprende lo que debes recordar.

Han llegado hasta nosotros sistemas mnemo­técnicos que proceden de la Grecia del siglo VI a. de J. c., de la Roma de Cicerón, de autores del siglo XIII (Rogerio Bacon, Raimundo Lu­lio, Pedro de Ravenna), del siglo XVII (Veláz­quez de Acebedo), del XVIII y del XIX. En nues­tros días se destaca nuevamente la importan­cia de la memoria y así surgen diversos sistemas que mediante ciertas reglas procuran au­mentar las facultades y alcance de la memo­ria. En esto consiste la mnemotecnia o técnica de la memoria.

Antes de hablar de estos procedimientos mnemotécnicos conviene que el alumno sepa cómo puede aumentar su memoria mediante tres principios:

1.              Intensidad
2.              Repetición
3.              Asociación


1. A semejanza de una cámara fotográfica actúa nuestra memoria.
 
Sólo queda impresionada la película si hay luz suficiente y exposi­ción adecuada.
 
Para quedar «impresionada la película de la memoria» precisa de dos condi­ciones:

- concentración;
- utilización de varios sentidos y en especial vista y oído.

La concentraciones la consecuencia de una atención intensa. No se puede aprender si no se está atento, si no posibilitamos, por falta de una «exposición adecuada», que la memoria quede «impresionada» por lo que se pretende recordar.

Si empleamos un solo sentido para memori­zar no damos «luz suficiente», y la película de nuestra memoria quedará muy poco impresa. Hay que ver y oír cuanto hemos de recordar. Uno de nuestros refranes nos aconseja «más vale ración de vista que quintal de discurso». Esa es la ventaja de los esquemas y de los grá­ficos. En nuestro método leemos (vista), sub­rayamos y escribimos (coordinación muscular), exponemos (aparato de la fonación) y oímos (oído). Es decir, vemos, oímos, decimos y casi tocamos lo que estudiamos. Son varios los sen­tidos que intervienen y refuerzan la facilidad de aprender y la perseverancia del recuerdo.


2. Todo lo que repetimos con frecuencia se retiene y recuerda con facilidad.
 
En el estudio es necesario repetir con frecuencia, pero repe­tir comprendiendo, no de forma mecánica, in­tercalando descansos e incluso repitiendo pa­sadas algunas horas y durante unos días.

Se ha comprobado que olvidamos más en las ocho primeras horas que durante los treinta días siguientes, porque la velocidad del olvido disminuye con el tiempo. Por eso conviene es­tudiar repitiendo lo que se quiere aprender, después dejarlo reposar, y pasadas unas horas un nuevo repaso. Es muy útil el repaso antes de dormir y por la mañana. Con tres repasos en horas distintas se recuerda mejor que con diez seguidos. De todos modos, al día siguiente de estudiar conviene repasar; después a los diez o quince días.


3. El secreto de una buena memoria está en las asociaciones que establece.
 
Hay que aprender activamente lo que significa, que se debe aprender, pensando en el hecho, en la idea y en el significado.

En ocasiones hay que aprender mediante me­moria repetitiva, pero el verdadero estudio re­quiere también memoria reflexiva. Ambas facilitan la eficaz recordación de lo aprendido.

Ante una materia a memorizar hay que pre­guntarse

qué es o quién dónde
cómo
cuándo
por qué
para qué ...
 

Meditar en el significado de lo que se va a aprender y asociarlo con algo sabido.

 

 

 

 
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