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Fuente: Luis Illueca - CÓMO ENSEÑAR A ESTUDIAR
Se estudia para saber. Saber es comprender y recordar. Si no se recuerda lo estudiado es que no se ha aprendido. Aprender implica recordar.
Hemos hablado de los métodos fundamentales para estudiar, y quedarían incompletos si no tratáramos de recordar mejor, de aprender con fijeza y de evocar con rapidez y precisión.
La memoria es fundamental para el estudiante y para· todas las actividades del hombre, pero en general, sólo la empleamos en un 10 por 100 de su capacidad.
Ha habido épocas en que la memoria era tenida como una de las facultades fundamentales. En otras, se ha considerado como una de las capacidades que menos diferencian al hombre de los animales, puesto que ellos también la poseen, y por consiguiente, se ha puesto el acento en cultivar otras que como el razonamiento, la reflexión, son propiamente humanos.
De ahí, el enfrentamiento memoria-reflexión. Para unos lo importante es aprender, recordar, disponer de datos y evocarlos con precisión y exactitud. Para otros, lo verdaderamente importante es aprender, comprender, penetrar en el sentido de lo que se lee o escucha. En esa penetración está, para algunos, la esencia del aprender, sin tener en cuenta que sin la memoria no es posible esa asimilación, incluso esa cultura, ese pozo cultural que queda de cuanto se ha sabido y se ha olvidado.
El problema radica en dos posiciones extremas: memorismo, racionalismo. Una 'postura intermedia, integradora de ambas, es dar a cada una su justo valor.
Aprende lo que estudies y entiende lo que aprendas, es decir, aprende de memoria sólo lo que entiendas y comprende lo que debes recordar.
Han llegado hasta nosotros sistemas mnemotécnicos que proceden de la Grecia del siglo VI a. de J. c., de la Roma de Cicerón, de autores del siglo XIII (Rogerio Bacon, Raimundo Lulio, Pedro de Ravenna), del siglo XVII (Velázquez de Acebedo), del XVIII y del XIX. En nuestros días se destaca nuevamente la importancia de la memoria y así surgen diversos sistemas que mediante ciertas reglas procuran aumentar las facultades y alcance de la memoria. En esto consiste la mnemotecnia o técnica de la memoria.
Antes de hablar de estos procedimientos mnemotécnicos conviene que el alumno sepa cómo puede aumentar su memoria mediante tres principios:
1. Intensidad 2. Repetición 3. Asociación
1. A semejanza de una cámara fotográfica actúa nuestra memoria.
Sólo queda impresionada la película si hay luz suficiente y exposición adecuada.
Para quedar «impresionada la película de la memoria» precisa de dos condiciones:
- concentración; - utilización de varios sentidos y en especial vista y oído.
La concentraciones la consecuencia de una atención intensa. No se puede aprender si no se está atento, si no posibilitamos, por falta de una «exposición adecuada», que la memoria quede «impresionada» por lo que se pretende recordar.
Si empleamos un solo sentido para memorizar no damos «luz suficiente», y la película de nuestra memoria quedará muy poco impresa. Hay que ver y oír cuanto hemos de recordar. Uno de nuestros refranes nos aconseja «más vale ración de vista que quintal de discurso». Esa es la ventaja de los esquemas y de los gráficos. En nuestro método leemos (vista), subrayamos y escribimos (coordinación muscular), exponemos (aparato de la fonación) y oímos (oído). Es decir, vemos, oímos, decimos y casi tocamos lo que estudiamos. Son varios los sentidos que intervienen y refuerzan la facilidad de aprender y la perseverancia del recuerdo.
2. Todo lo que repetimos con frecuencia se retiene y recuerda con facilidad.
En el estudio es necesario repetir con frecuencia, pero repetir comprendiendo, no de forma mecánica, intercalando descansos e incluso repitiendo pasadas algunas horas y durante unos días.
Se ha comprobado que olvidamos más en las ocho primeras horas que durante los treinta días siguientes, porque la velocidad del olvido disminuye con el tiempo. Por eso conviene estudiar repitiendo lo que se quiere aprender, después dejarlo reposar, y pasadas unas horas un nuevo repaso. Es muy útil el repaso antes de dormir y por la mañana. Con tres repasos en horas distintas se recuerda mejor que con diez seguidos. De todos modos, al día siguiente de estudiar conviene repasar; después a los diez o quince días.
3. El secreto de una buena memoria está en las asociaciones que establece.
Hay que aprender activamente lo que significa, que se debe aprender, pensando en el hecho, en la idea y en el significado.
En ocasiones hay que aprender mediante memoria repetitiva, pero el verdadero estudio requiere también memoria reflexiva. Ambas facilitan la eficaz recordación de lo aprendido.
Ante una materia a memorizar hay que preguntarse
qué es o quién dónde cómo cuándo por qué para qué ...
Meditar en el significado de lo que se va a aprender y asociarlo con algo sabido.
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