Discurso del Abanderado


Discurso del alumno Juan Pablo Córdova, abanderado del Colegio

El tiempo sigue su curso inexorable. La vida marcha acelerada, con apuro, y nosotros estamos subidos en esa locomotora. Está por acabarse un episodio de nuestras vidas y debemos ser conscientes de lo mucho que hemos recibido durante todos estos años, sin embargo, ¿qué hemos dado a cambio?

En primer lugar, gracias a Dios, hemos recibido una familia, escuela insustituible del amor y la esperanza. Aquellas personitas que nos aceptan y quieren tal y como somos. Incondicionales, pues tenemos la certeza de que no estamos solos, de que pese a la oscuridad de la noche o a la tempestad de la tormenta, ellos estarán allí. Y nos conocen tan bien, tienen un chip integrado y así saben exactamente cuando estamos decaídos, cuando no hemos tenido un buen día o cuando simplemente no estamos bien. Un paraíso anticipado que sin darnos cuenta lo vivimos a diario.

Pa, cada charla contigo, es una verdadera cátedra de vida, porque tienes las palabras justas, el tono adecuado y la sinceridad para llegar a nosotros, enseñándonos a ser sencillos, auténticos y a mantenernos tranquilos. Eres también,  el apoyo perfecto para salir bien de esos contragolpes. Como aquel accidente en la playa, cuando todo iba perfecto y aquellos desconocidos sintieron la necesidad de probar mi nueva nariz, a golpes. Sólo tú supiste claramente qué debíamos hacer, y a quién debíamos culpar, por supuesto, los Noruegos. Pa, Mau, Peq, esto es suyo, porque con su alegría, comprensión y con tanto amor caminamos todos a diario. De otra forma, ¿Cómo pretendemos salir jugando?

Sólo Dios tiene claro en su mente, como el mejor de los estrategas, los movimientos que nos llevarán a la felicidad. Ma, te nos adelantaste! Pero dejaste a nuestro alrededor todo el fruto de tu esfuerzo, de tu dedicación, de tu trabajo bien hecho. Te extrañamos, y mucho, pero sabemos que sigues cuidándonos muy de cerca. Ma, esto es tuyo.

Gracias a nuestro querido colegio, verdadero hogar de la enseñanza académica y sobretodo de la formación humana. Es una gran familia en la que profesores, alumnos, directivos y padres de familia trabajamos a diario con una convicción cristiana y solidaria. En especial gracias, a nuestros queridos profesores que con sus continuas charlas en horas de clase, con sus llamadas de atención y con sus desvelos,  nos enseñan a vivir para bien, a santificar ese trabajo bien hecho, y  a valorar el tesoro de la amistad. Son ustedes también, protagonistas de nuestra historia.

Ya lo dijo Pitágoras, en un triángulo rectángulo, la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la Hipotenusa, aunque también solía decir, antes que al médico, llama a tu amigo. Los amigos, en términos prácticos, son eso. Aquellos que siempre estarán para esas, entre comillas, caídas que nunca serán sorpresa, para esos planes frustrados de fuga masiva, para acompañarte a caminar en Roma en la mitad de la noche, incluso para invitarte a cocinar, pero sobretodo para darte un abrazo y decirte al oído que todo irá bien.

Debemos estar agradecidos y comprometidos también con nuestro país. Vivimos en un verdadero paraíso, tantos  ríos, montes, lagos y ciudades sin par, junto a un clima templado y rodeados de la gente más linda de todo el mundo, lo que nos hace sentirnos orgullosos de ser ecuatorianos. Por otra parte, tenemos un espacio soberano en el que se respira paz y libertad, y hasta ya hemos clasificado a 2 mundiales de fútbol.

Pero vuelvo a insistir, ¿Qué hemos dado a cambio? Nunca será tarde para agradecer a Dios y a cada quien por todo lo que recibimos a diario. Así mismo, existirán varias formas de hacerlo, pero ¿qué mejor que a través de nuestro quehacer diario? No dejemos que estos hermosos años pasen desapercibidos sobre nosotros, ni tampoco pasemos desapercibidos con el paso de los años.

Recordaba justamente un pasaje de El Principito. Él, acababa de llegar al quinto planeta, allí residía un farolero que encendía y apagaba un farol, el principito hubo de preguntarle por el motivo que lo hacía, y el farolero simplemente decía estar cumpliendo la consigna. Pues, que en esta vida no nos limitemos a cumplir con la consigna, sino que demos valor agregado a todo lo que hagamos a diario, porque de esta manera adquieren un valor infinitamente mayor. El valor agregado pone al trabajo nuestra marca personal y lo hace más agradable a los ojos de Dios.

Y con simples detalles se puede marcar la diferencia, a veces radical, como un balón de fútbol, que después de recorrer canchas mundialistas, adquiere un valor inmenso. Día a día se nos presentan ocasiones en las que podemos dar ese valor agregado a las cosas.  Por ejemplo, el hecho de realizar un mandato pero de buena gana, el dejarlo todo en la cancha, el saber decir “te quiero”, pero, más que nada, el ofrecer el trabajo bien hecho a Dios.

La oportunidad está ahí. Ya queda en nosotros la última palabra. ¿Qué nos proponemos alcanzar en el colegio? ¿Nos conformaremos con un pedazo de cartón? ¿O tendremos la convicción de dejar nuestra huella? La clave está en el esfuerzo, en la dedicación y en el amor al trabajo, porque para apuntar alto, para volar hasta las cumbres debemos estar conscientes que la vida es de lucha y lucha, de pelea y pelea.

 


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