Continuamos con el CAS Familiar


Antes de ir de visita al Hogar Fundación Santa Lucía teníamos muchas expectativas sobre lo que sería algo muy común en estas épocas para unos buenos cristianos, el compartir y llevar regalos sería algo más a cumplir y talvez motivador para uno que otro, preocupados por el qué comprar, cómo ir, cuánto dar… pero al llegar nos encontramos con un mundo de emociones tan fuertes a tal punto que pudimos sentir el amor en nuestras manos de la manera más pura, real e inocente y a la vez sentir mucho dolor y tristeza al escuchar sus historias, su vida tan corta y tan dura, por no haber estado con ellos antes, por no haber sabido, no haber sentido lo que significa realmente compartir.

Quisimos dar amor con regalos y caramelos pero recibimos cargamentos de dulzura, caricias, sonrisas, un infinito y desinteresado amor de sus pequeñas manos que solamente pedían lo mismo y muchos no estuvimos preparados para hacerlo. Fuimos nosotros quienes salimos con el alma llena, con el espíritu renovado y bendecido por aquella maravillosa experiencia, pero ahora con el compromiso y la responsabilidad de no volver a nuestra habitual indiferencia y desinterés, esos angelitos nos enseñaron a dar y compartir lo que es el verdadero amor y abrieron nuestras mentes y corazones.

Gracias y mil veces gracias pequeños angelitos.

Alexandra de Forero
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