Entrevista a Jimmy Baquero


Cuando entré al Intisana, en primer grado, nunca imaginé que permanecería vinculado a él durante tantos años. Y es que, salvo el paréntesis de mis estudios en Roma y la Universidad de Navarra, llevo metido en el colegio desde 1980.

En estos años he visto tantas cosas... Promociones que empiezan y terminan, profesores que van y vuelven, antiguos alumos que regresan, con una sonrisa entre melancólica y curiosa, a visitar su colegio después de los años. Se nota que el Intisana no deja a nadie indiferente.

He desepeñado el papel de alumno, ex-alumno, tutor, profesor, directivo... Pero sobre todo, los años me han enseñado que el colegio necesita unas cuantas personas que hagan las veces de padre y madre, poniendo cabeza y corazón en el trabajo y el estudio de todos. Familia Intisana. Ahora dedico el tiempo a mil tareas, pero el colegio sigue siendo una de las más importantes.

Apenas graduado, cayó en mis manos una frase de Juan Pablo II que me marcó de por vida: "vale la pena empeñarse en llegar a ser expertos en humanidad". Y qué mejor lugar para poner por obra este propósito que un colegio. Serían incontables las anécdotas entrañables de conversaciones con estudiantes, con sus padres o inclusive sus hermanos; con profesores o personas de mantenimiento con don Segundo Pastaz: se han forjado amistades de larga duración. Menciono con especial remembranza a Santi Molina, tutelado, alumno y amigo, a quien acompañé muy de cerca en su camino al Cielo.

Intisana: cuna de héroes. Algunos brillarán, otros no. Pero todos dejarán una huella a su paso, recordando a las gentes que vale la pena vivir comprometidos con grandes ideales, superando la sociedad de fachada que intenta tristemente imponerse. Intisana, forja de expertos en humanidad.

  

 


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