Extracto de la carta de un exalumno


Estimado N.:

Hace tanto tiempo que me paseaba por las aulas del Intisana. Parece que fue ayer, parece que mis ojos se han quedado ahí y que siguen tomando las imágenes y los personajes del Colegio. Y la vida.

No sé como pasó todo tan rápido, pero siempre extraño al Colegio. Extrañar no es olvidar, es recordar y en el recuerdo volver a vivir. Es tener presente lo positivo que vence lo negativo. Lo poco o mucho que uno tiene no es una simple casualidad. También es esa soga que te aprieta la garganta y te saca lágrimas del pasado que fueron un presente. Los amigos, los deberes y pruebas, el caos en la cabeza, los profesores que caían bien o mal. El mundo se veía como el afuera y el Colegio como el adentro.

Ahora que estoy en la Universidad creo que realmente valoro al Intisana. Es en cierta manera muy doloroso cargar con el pensamiento de que -debido a las dificultades, a las broncas, a la creciente inmadurez o a lo que fuese- no se valoró el momento. Ahora entiendo que no fue una locura de mis viejos creer que se trataba de un Colegio de alto nivel. De tan alto nivel como lo es y lo seguirá siendo el Intisana.

Realmente no sabría a quien agradecer por todo si no a Ud., N., como cimiento, como columna de lo que es el Intisana para mí. Sobran las palabras, pero si soy la persona que ahora soy es porque desde niño tuve la suerte de ser parte del mejor Colegio del que uno pueda ser alumno. Gracias por formarme.

La idea que tengo yo de usted, N., es muy grande. Principalmente es una figura tanto humana como profesional para seguir. Sé que donde Ud. vaya, va a tratar siempre de empapar a quien lo necesite y se deje. Allí estarán los ideales, la ayuda y la confianza y la amistad que sólo se logran con hacer bien las cosas. Yo fui bien rudo de tratar, y eso estuvo mal.

Ya para terminar, espero que se conserve de lo mejor. No, en serio N., gracias por todo, y si la vida le pone peñascos o le mete el pie, Ud. siga camina que camina, logrando lo que busca.

Hasta cuando Dios quiera... ¡y ha de querer!

 


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