Mi experiencia en el BI


Recuerdo que en mi primer día de clases como alumno de Cuarto Curso BI tuve que formarme con todos mis compañeros fuera del aula y entrar en fila. Cuando pasaba por la puerta le dije a uno de mis amigos: “yo de aquí me voy en una semana”.

Durante los tres años anteriores había pensado que los alumnos de BI eran unos norios, que sólo se dedicaban a estudiar sin hacer nada más en la vida. Por eso estaba totalmente en contra de seguir ese curso y por nada del mundo me hubiese matriculado. Por nada del mundo excepto por la presión que tenía en mi casa, especialmente de mi papá, que finalmente me llevó a entrar al BI. Me sentía totalmente disgustado.

Profesores y amigos me decía que no exagerase, que sólo necesitaba organizar mi tiempo; pero no les creía y estaba intentando salirme del curso para inscribirme en el Bachillerato Nacional.

Luego pasó el tiempo y yo seguía sin cambiarme –en mi casa no me iban a permitir el chistecito porque sí- de modo que empecé a decirme que por un año podía ser, para probar, pero que en quinto me cambiaría. Además todos mis amigos estaban en el BI y lo pasábamos muy bien juntos.

Terminé el año muerto de las iras, pero también con algo de satisfacción. Había superado un año entero de BI, quejándome y sintiendo que la carga académica era excesiva y muchas veces innecesaria; pero lo había superado. En quinto se repitió la historia: quería cambiarme al Físico Matemático y ya. Algo simple, pero que en mi caso no resultaba, especialmente por mi papá que me presionaba mucho. Teníamos frecuentes discusiones acerca de qué era lo mejor para mí, y quizá ésta era la principal causa de mi indecisión: pienso que cuando te presionan para que hagas algo es natural que reacciones tratando -por cualquier forma posible- de no hacerlo. Incluso pienso que de no haberme sentido presionado hubiese elegido libremente el BI, aunque no por la formación que allí se da sino porque en ese curso estaban todos mis buenos amigos y el ambiente era realmente chévere.

Entonces, en quinto curso, me decidí a completar el BI pero a la vez me hice el propósito de no convertirme en un tipo que se lo pasa pensando en estudiar: iba a dedicarme por igual a lo que me gustaba. Así fue como tomé un curso de guitarra (me gustaba ese instrumento), me metí a jugar fútbol, dediqué mucho tiempo a salir con amigos, a farrear, y –según lo que dice mucha gente- perdí demasiado tiempo hablando por teléfono con mi pelada. En resumen, no sacrifiqué en favor del BI nada de lo que me gustaba hacer.

Tal vez no rendía al cien por ciento de mi capacidad en los estudios, pero si estaba rindiendo al cien por ciento de mí como persona. Absolutamente. Ni era el mejor del curso ni el mejor en la guitarra, pero estaba haciendo lo que deseaba hacer y me sentía bien conmigo mismo. En ese momento me di cuenta que el curso en que estás no tiene nada que ver con lo que tú eres. Estoy seguro que esa decisión de no dejar lo que me gustaba tuvo mucho que ver con lo bien que lo pasé en los últimos dos años de colegio. Es cierto que el BI pide un poco más, pero no tuve que morirme estudiando y mi curso de hecho trató de ser más en todo: en deportes, en actividades, en diversión. Creo que por eso a todos nos fue muy bien.

Ahora que nos graduamos me siento muy satisfecho de lo que hice, especialmente del BI. El BI –ahora me doy cuenta- te sirve para organizar lo que haces y para saber hasta donde llega tu capacidad. Hay cosas mucho más difíciles que el BI, como seguir una carrera en una buena universidad o hacer un postgrado, pero ya no lo veo como algo imposible sino alcanzable, especialmente por la experiencia del colegio. En el BI lo que tenía que hacer era meterle más cabeza a mis cosas, y hacerlas lo mejor posible. Sinceramente creo que sí lo hice y la satisfacción que siento por ello es muy grande.

 


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