¿Virtud sin orden? ¡rara virtud! (2° parte)


    ¿Virtud sin orden? ¡rara virtud! (2° parte)
    Fuente: www.sontushijos.org

     

    Manuel Caballero Chavero.
    Licenciado en Pedagogía por la Universidad de Navarra...

    La persona siempre lo primero

    Cuando el desorden se produce en los afectos y sentimientos, se trastoca en la persona el orden prioritario en el cuidado y atención de los seres que nos rodean. Y así observamos que hay individuos que sienten lástima por el destino de los animales, al mismo tiempo que se muestran despreocupados con la situación de las personas que están a su alrededor sufriendo todo tipo de carencias. Algunas de estas personas dispensan a los animales más cuidados que a sus propios semejantes, incluso a veces de su propia familia.

    Algunos hasta crean instituciones para la defensa de la naturaleza animal, olvidando que es mucho más humano y coherente con nuestra naturaleza humana, crear instituciones para la defensa y protección del nacimiento y desarrollo de nuestros semejantes. Este comportamiento es fruto del desorden en la cabeza y en el corazón de algunas personas que gobiernan y legislan sin tener en cuenta la dignidad de la persona.

    El desorden en los afectos suele terminar en egoísmo. Esta es otra manifestación del desorden interior, y el que más daño produce a la persona que lo padece, por ser el mayor obstáculo para la felicidad. Estas personas suelen trastocar el orden lógico y natural de los afectos en la criatura humana: Dios, los demás, yo. En lugar de esto, sus afectos suelen quedar encerrados en sí mismo, produciendo un sentimiento de insatisfacción y desasosiego, fruto del afán de que todo gire a su alrededor y a su antojo. Este egoísmo personal suele hacerlas muy desgraciadas. Y es que cuando no seguimos el orden establecido por Dios en la naturaleza humana, ésta siempre suele vengarse impidiendo que consigamos el fin para el que hemos sido creados: amar y ser amados. De aquí que afirme Sto. Tomás de Aquino: “El amor se parece al calor del fuego, que debe abrigar en primer lugar a los que están más cerca”.

    El desorden en el gasto

    No quiero terminar sin hacer una breve referencia a una manifestación del desorden interior en la persona, de rabiosa actualidad. Me refiero a nuestra crisis económica. Ya se advirtió en su momento que esta crisis se debía a otra crisis de mayor calado: crisis de valores; es decir, ausencia de virtudes en el comportamiento humano.


    A nadie se le oculta, a estas alturas del problema, que esto viene producido por el afán desordenado de vivir por encima de nuestras posibilidades. Por un consumismo desaforado que nos ha llevado a “alargar el brazo más allá de donde nos llega la manga”. Durante un tiempo hemos estado instalados en el convencimiento de que para ser felices hay que tener de todo, debe sobrar de todo, hay que saciarse de todo,... Y todo esto propiciado, alentado y jaleado desde las más altas instancias gubernamentales, fomentando en el individuo el desarrollo de las pasiones, los deseos y hasta los propios instintos de los seres más bajos en la escala de la creación. Afanados en conseguir la sociedad del bienestar, en lugar de preocuparse por lograr el bien ser de cada individuo que es lo único que proporciona mejores bienes.

    Esta experiencia tan viva y reciente nos debería llevar, a todos, a poner los medios necesarios para establecer un plan para el desarrollo de los verdaderos valores-virtudes en las familias y en las escuelas que garanticen mejor la verdadera felicidad del ser humano y la estabilidad de la sociedad.

     


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