En la escuela diferenciada aumenta la tranquilidad del aula y favorece el desarrollo individual (2da parte)



En la escuela diferenciada aumenta la tranquilidad del aula

Fuente: www.teinteresa.es

La profesora del departamento de Derecho Público del Estado de la Universidad Carlos II de Madrid, María Calvo Charro, responde a estas preguntas sobre la educación diferenciada:

¿Hasta qué edades deben estudiar los niños en centros diferenciados?

Teniendo en cuenta los diferentes ritmos de maduración cognitiva de niños y niñas, la etapa de primaria y secundaria es fundamental. La naturaleza o la biología no ha dotado a ambos sexos de las mismas habilidades, pero estas diferencias biológicas que podrían poner en peligro la igualdad son sin embargo fácilmente salvables por medio del uso de técnicas pedagógicas adecuadas. Gracias a las recientes investigaciones neurológicas sabemos que el cerebro es capaz de un entrenamiento constante y que podemos ser responsables, por medio de la educación, del ejercicio de la voluntad y de los hábitos, del control de las emociones, pasiones, apetencias, impulsos, pensamientos y demás acciones. Generalizando, la biología no ha dotado a los varones de las habilidades lingüísticas y destrezas verbales innatas de las que gozan las niñas, como tampoco ha concedido a éstas las facilidades con que cuentan los varones para el razonamiento matemático o geométrico. Sin embargo, la educación nos permitirá suplir las posibles carencias para lograr una verdadera igualdad entre los sexos en el ámbito educativo desde las etapas más tempranas de la escolarización. Para ello será preciso un esfuerzo adicional para despertar del letargo a aquellas zonas del cerebro masculino o femenino cuyo desarrollo madurativo esté más atrasado hasta que alcancen el mismo nivel que el sexo opuesto.
Esto es perfectamente posible, sólo hace falta comprender las peculiaridades masculinas y femeninas del cerebro y darles el tratamiento adecuado.

La eminente neuróloga Sandra Witelson mantiene que el cerebro humano actúa utilizando los mecanismos de aprendizaje que le resultan más sencillos. Es decir, el cerebro trata de utilizar sus partes más desarrolladas, o sus habilidades más patentes, desechando el uso de las menos ágiles o inmaduras. A grandes rasgos esto significa jugar apoyado en las fortalezas mentales que se tienen. En este sentido podemos decir que el cerebro es “perezoso” o “vago” pues evita la utilización de las áreas que le suponen un mayor esfuerzo.

En relación con los chicos, si potenciamos las actividades lingüísticas en nuestros muchachos estaremos ayudándoles a que el hemisferio izquierdo salga de su letargo típicamente masculino. Si somos conscientes de que los chicos van por detrás en destrezas verbales, esto nos ayudará a hacer frente a este problema, dándoles en esta materia una especial atención.

Y en relación con las niñas, si potenciamos, con métodos docentes adecuados, las matemáticas y las ciencias, estaremos ayudándolas a desarrollar su hemisferio derecho (responsable del razonamiento abstracto y habilidades espaciales) menos activo desde su nacimiento.
Cuando las matemáticas se vuelven más que un mero asunto de habilidad para hacer cómputos, y eso tiene que ver con el reconocimiento de patrones abstractos y teorías, las niñas tendrán que pedir auxilio a las fortalezas innatas de los niños sentados junto a ellas. De manera que el sistema educativo, que en su modo inicial discrimina a los niños, se vuelve en una etapa posterior contra las niñas.

La reforma en los métodos educativos puede compensar en cierta medida las diferencias comparativas entre los sexos. Las niñas precisarán en secundaria de un apoyo especial en matemáticas, física y ciencias en general. Así como un método docente adaptado a las peculiaridades de aprendizaje propias de su sexo. Por ejemplo, se ha demostrado que las niñas perciben mejor el lenguaje verbal que el de los símbolos, de manera que la transformación de símbolos matemáticos en palabras las ayuda a la mejor asimilación y comprensión de la materia. Como señala Michael Gurian, “Si la clase de matemáticas se imparte utilizando objetos –es decir, sin la pizarra, fuera del mundo abstracto de los significados y significantes, y dentro del mundo concreto de, supongamos, cadenas físicas de números- el cerebro femenino lo encuentra más fácil”. Esto es lo que están haciendo en países como Alemania o Estados Unidos con excelentes resultados.

En el marco pedagógico, deberíamos ser capaces de ofrecer aquellos modelos de enseñanza que tengan en cuenta los estilos de aprendizaje diferentes de niños y niñas. Es preciso conocer y estudiar las diferencias que el sexo provoca en cada uno de los marcos de desarrollo –neurológico, psicológico, pedagógico y antropológico- para poder ofrecer un modelo escolar capaz de procurar, de forma dinámica y simultánea, la excelencia y la igualdad, tanto a niños como a niñas.

Pero la educación diferenciada es también importante en la etapa de bachillerato, esta vez, sobre todo desde el punto de vista de la configuración de la personalidad. Porque los cambios sociales de las dos últimas décadas han sido radicales y profundos…Debemos ubicarnos en el momento histórico en el que estamos viviendo: erotización exagerada; banalización de la sexualidad; separación radical de la sexualidad de la afectividad y fin reproductivo; ausencia de compromiso…medios tecnológicos (internet) les permiten acceso a imágenes de elevada carga sexual, series de TV les infunden la idea de un amor sexualizado al margen del compromiso, del respeto… La expresión afectiva debe ser inmediata, como una llamada telefónica o una conexión por Internet, sin respetar los términos y el sentido de la construcción de una relación. También las imágenes de los medios de comunicación y de las películas se caracterizan actualmente por una expresión sexual fácil, de fusión y del momento. Banalización de una sexualidad impulsiva y anti-relacional. La proliferación de imágenes sexuales demuestra que vivimos en una sociedad erótica, que permanentemente excita a los individuos desde el punto de vista sexual, condicionando fuertemente la elaboración de la sexualidad juvenil. Sin embargo, la mayor parte de los jóvenes aún es sensible a un discurso que revele el sentido del amor humano, de pareja y de la familia, hecho que manifiesta la necesidad de aprender a amar y de ser creadores de relaciones y de vida.

Esto es más fácil en un ambiente tranquilo sin la presión de la presencia constante del sexo opuesto. Debemos intentar una vuelta al amor "romántico". La separación por sexos favorece la lentitud (no hay prisa por quemar etapas), el conocimiento de uno mismo, el saber hasta dónde es capaz de llegar y esperar por la persona amada... Los jóvenes de escuelas mixtas se saturan hasta hartarse del sexo opuesto. Luego en la postadolescencia quieren estar con personas de su mismo sexo. No quieren comprometerse. Pierden la ilusión por la relación con el otro sexo porque ya lo han probado todo. La experiencia demuestra una vez más que durante la adolescencia la educación mixta es un freno y que impide el desarrollo de la inteligencia, de la afectividad y de la sexualidad. La educación mixta en el marco de la ideología de género desemboca en la confusión de los sexos; la indecisión en la relación entre el hombre y la mujer durante la post-adolescencia, e incluso una forma de homosexualidad reactiva para diferenciarse, paradójicamente, del otro sexo y confirmarse en la propia identidad sexual.

De ese modo, desarrollan una precocidad que no es fuente de madurez, saltándose las tareas psicológicas propias de la infancia, lo que les puede perjudicar en su futura autonomía, como lo demuestra la multiplicación de los estados depresivos de muchos jóvenes.
Después, en el momento de la post-adolescencia, cuando podrían comprometerse en una relación afectivo-sexual, sucede todo lo contrario. De hecho a menudo experimentan la necesidad de encontrarse entre "solteros" y con compañeros sociales del mismo sexo para compartir juntos diversas actividades y momentos de diversión. Después de haber hecho la experiencia de uniones sentimentales sin llegar a un compromiso y finalizados a manera de Edipo, en la post-adolescencia quieren vivir su vida afectiva a nivel social y mantener las distancias en relación al sexo opuesto, cosa que no han podido hacer durante la adolescencia.

 


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