Ser padre es cosa de hombres - 2da parte


    Ser padre es cosa de hombres - 2º parte
    Fuente: www.lafamilia.info
    Imagen: www.lafamilia.info

    Cuando falta el padre

    —Usted establece una conexión directa entre la ausencia del padre y un conjunto de fenómenos negativos en la educación de los hijos. ¿No existían acaso estos problemas en la sociedad de antaño?

    —Son problemas que se han disparado. El padre ha sido dejado en un rincón oscuro, como si no tuviera ningún valor de referente para el hijo. Pero recientes estudios publicados en EE.UU. demuestran que su ausencia tiene unos efectos negativos fortísimos sobre los hijos y las hijas. Estadísticas del Departamento de Bienestar Social confirman, con unas cifras absolutamente abrumadoras, que los niños internados en centros de desintoxicación, los que han abandonado el colegio, los que experimentan el fracaso escolar, los que padecen patologías como la hiperactividad, trastornos de personalidad o mayores problemas con drogas, son, en un 85 o 90 por ciento, los que carecen de la figura del padre en casa.

    Antes, cuando el padre estaba ausente del hogar por motivos de trabajo o por guerras, su presencia simbólica se daba por medio de la madre. El niño crecía sabiendo que había una figura paterna a la que había que respetar. Sin embargo, ahora se ha producido un desprestigio de esta figura. Desde la revolución del 68, con esa famosa expresión de las mujeres de “mi cuerpo es mío”, la maternidad depende absolutamente de la madre. Con los medios anticonceptivos y con el aborto, la mujer es quien decide cuándo y cómo tiene al hijo, con lo que el padre pasa a un segundo plano. Las técnicas de reproducción asistida le permiten a la mujer incluso prescindir físicamente de él.

    Recuperar al hombre

    —Por último, ¿le parece que queda tiempo y disposición para revertir el ninguneo social de la figura paterna y masculina en general?
    —¡Tiene que haberlos!, en beneficio de la sociedad y del futuro de las generaciones actuales. En EE.UU. y Australia se está prestando una gran atención al tema, porque se han dado cuenta de que la sociedad, ante la carencia de la figura paterna, está yendo por derroteros que nos perjudican a todos. El hecho de que la ausencia paterna provoque mayores índices de drogodependencia, mayor agresividad en los muchachos, mayores cifras de delincuencia, es un problema social muy grave, y hay que adoptar medidas cuanto antes.

    Estamos viviendo una época en la que, como consecuencia de toda la lucha por la emancipación de la mujer, las políticas siguen centrándose en ella, como si no existiera una necesidad de políticas a favor del hombre. Es algo erróneo: si el hombre sale perdiendo, salimos perdiendo todos; las mujeres también. La mejor defensa de la maternidad y la mujer es una inteligente política de defensa del hombre y la paternidad.

    En vez de padre, “segunda madre”
    En el libro, la Dra. Calvo habla sobre la idea errónea de querer que el papel del padre sea lo más similar a una “segunda madre”, no obstante, se ha olvidado que la naturaleza femenina y masculina jamás podrán ser iguales. Textualmente ella explica:

    “El padre solo es valorado y aceptado en la medida en que sea una especie de “segunda madre”; papel este exigido en muchas ocasiones por las propias mujeres que les recriminan no cuidar, atender o entender a los niños exactamente como ellas lo hacen. El padre queda convertido, así, en una especie de madre “defectuosa”. Los hijos captan estas recriminaciones y pierden el respeto a los padres a los que consideran inútiles y patosos en todo lo que tenga que ver con la educación y crianza de los hijos…

    Los padres se hallan llenos de confusión respecto al papel que desempeñan: cualquier elevación del tono de voz puede ser calificada de autoritarismo, cualquier manifestación de masculinidad es interpretada como un ejercicio de violencia intolerable, el intento de imponer alguna norma como cabeza de familia le puede llevar a ser tachado de tirano o maltratador. El padre siente su propia autoridad como un lastre y su ejercicio le genera mala conciencia.
    En este clima social imperante, intenta sobrevivir toda una generación de padres que no saben muy bien cómo desenvolverse ante una sociedad que les ha privado de su esencia, que les obliga a ocultar su masculinidad y que no les permite disfrutar de su paternidad en plenitud. Se sienten culpables y no saben exactamente de qué o por qué.

    Esta falta de identidad masculina les hace tener poca confianza en sí mismos, una autoestima disminuida que conduce a muchos ellos a la frustración y que se manifiesta de diversas maneras en su vida: esforzándose por ser más femeninos; quedándose al margen de la crianza y educación de los hijos; convirtiéndose en espectadores benévolos y silenciosos de la relación madre-hijo; refugiándose en el trabajo, donde encuentran mayor comprensión y valoración que en el ámbito familiar.”

    Se reproduce bajo la alianza entre Aceprensa y LaFamilia.info. Derechos reservados.

     


    © 2019 Colegio Intisana