Varones disminuidos y chicas frustradas


Varones disminuidos y chicas frustradasChrista Meve: Varones disminuidos y chicas frustradas. Editorial Adamas. Sector de escritos de la "Fördergemeinschaft für Schulen in freier Tägerschaft".

Traducción de dos capítulos por Arturo Vierheller (Argentina).

Introducción

Desde hace 35 años, nosotras las mujeres, en Alemania somos un sexo lamentablemente postergado. Desde niñas, las chicas deben aprender que, si no están muy atentas, serán y seguirán siendo el botín de guerra de los hombres ansiosos de poder.

Que esta tendencia desemboque en una nueva guerra entre sexos no parece adecuado, ya que la emancipación de la mujer hasta la mitad del siglo XX había concluido con éxito. Ya al comienzo del mismo, los "Blaustrümpfe" habían logrado tener autorización para iguales condiciones de formación de chicos y chicas tanto en escuela, como en Universidad y en todos los niveles, lo cual constituyó una motivada lucha de mujeres inteligentes en aras de su independencia. ¿Para qué entonces esta nueva iniciativa, desde 1968, de un feminismo casi militante? Alice Schwarzer dijo que no querían la cuota, sino el poder sobre los hombres.

Ahora, con la divisa de estar postergado, es muy fácil convencer al ser humano de que no consigue lo que en realidad le corresponde. ¿Quién de nosotros hoy no está disminuido por alguna circunstancia, en algún sector? Por ejemplo yo, con la circunstancia de que tengo que vivir en el norte de Alemania donde llueve mucho, me podría sentir perjudicada.

¿Acaso los adinerados no pueden pasar el ocio en la Toscana donde casi siempre hay sol? La necesidad del ser humano de conseguir la justicia sobreponiéndose a sus propias limitaciones es uno de los motores más fuertemente revolucionarios en la humanidad. Permanecer marginado se tiene como una espina, a veces justificada y en otras oportunidades objetivamente no justificadas y aún desacertadas. En todo caso pensamientos de esta naturaleza alimentan la envidia, el odio y aún en algunos casos la sanguinaria sed de venganza y con ello una inclinación a rabiosas rupturas.

Aunque se piensen otras palabras, no hay otra que exprese tan fácilmente disconformidad o inquietud como cuando se utiliza la palabra "postergación" en relación con grupos sociales cualquiera sea su sector. Por eso durante décadas las mujeres debieron pelear contra su postergación.

Los hombres no se oponen frontalmente a esta campaña con ninguna resistencia. Incluso muchas veces ayudan activamente para eliminar el desequilibrio especialmente en la familia: hoy los padres están presentes en el nacimiento de sus hijos, cambian los pañales, están dispuestos a vigilar su descendencia. Algunos incluso se dejan subordinar para ejercer durante bastante tiempo la atención del hogar. Esto último desde algunos puntos de vista fue un adelanto cuando se trataba de hacerlo con medida.

Pero hoy, a un atento observador, se le plantea la pregunta si la balanza de la justicia no se inclina algunas veces en sentido contrario. El hombre comenzó a participar más en la vida familiar y doméstica. Pero los hombres en la práctica psicoterapéutica son en la mayoría los que se han visto envueltos por un padecimiento existencial por las exigencias de sus ex mujeres, porque su posibilidad de influencia sobre sus hijos bajó al punto cero. Son hombres con penas de amores frustradas porque sus compañeras les pusieron la silla delante de la puerta, son desocupados. No encuentran un lugar laboral, porque ya lo ocupó la mujer. ¿Quién pregunta hoy si los hombres no son los que están disminuidos? Y si lo son, habría que preguntarse, si esto es un desarrollo positivo. Se puede admitir que en el combate entre sexos, esto sea por el poder de un sexo sobre otro. ¿En adelante será útil que las mujeres prefieran las formas de vida masculinas y que con ello la familia y también todo el futuro quede en el camino? El 40% de las mujeres académicas con un promedio de 40 años no tienen hijos. Esto significa: que nuestra elite de formación está prácticamente sometida a la agonía. Y no solamente eso, sino ¿esta lucha por el poder va a durar hasta la destrucción de occidente? Acaso el hombre y la mujer no están dotados para complementarse? ¿Acaso no se consiguen básicamente los mejores resultados con una constructiva vida en conjunto, con una inteligente división de las tareas?

Estas preguntas necesitan de un nuevo análisis. En este trabajo se trata de entender en base a nuevos resultados en las investigaciones lo que es típicamente masculino en base al desarrollo ontogenético del joven hacia el hombre y concentrarse en lo típico masculino para deducir de ahí una mejor base para la mutua comprensión entre el hombre y la mujer y sacar consecuencias pedagógicas. Esto es tanto más necesario cuanto que nuestras ciencias humanas desde hace 30 años han sido contaminadas por la ideología de la igualdad con la suposición, nunca demostrada, que lo típico en el ser de los sexos solamente apareció por un desigual trato; en cambio la educación en una misma cacerola puede producir la igualdad de los sexos. Aunque es una teoría bien intencionada pasa de largo de la realidad. Ella puede ser anulada o contrapuesta por los hechos científicos. Por eso la información sobre esto tiene que abarcar toda la ontogénesis de los sexos. Aquí y hoy, por lo tanto, la del joven hacia el hombre.


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