Animarse a educar


Animarse a educar
El psicólogo argentino Miguel Espeche insiste en decir a los padres que no tengan miedo a actuar, que se animen a “ser padres”, que no hay nada peor para los hijos que ver a sus padres inseguros.
Una amiga me cuenta que no salió a cenar con su familia para festejar su cumpleaños, porque su hijo adolescente tuvo una reunión con amigos, y  le “desarmó el programa”. 

Otra me dice que planeaba con su marido y sus dos hijos varones unas pequeñas vacaciones de fin de semana, cuando su hijo de 17 años le pidió para llevar a su novia de 15. Tanto ella como su marido lo consideraban inadecuado, pero finalmente accedieron a que su hijo fuera con su novia y compartieran la habitación.

Cualquiera de estos dos episodios me dejó pensando: “¿qué nos pasa a los padres? ¿Por qué permitimos que nuestros hijos hagan lo que quieren si no estamos de acuerdo? ¿Por qué no ponemos los límites que quisiéramos poner?”

Quizás la respuesta pase por la llamada urgente a los padres, a “animarse a educar”.  Esto  parece algo lógico  (¿qué hacemos los padres si no es educar?),  sin embargo, últimamente aquellos que están cerca de los niños, como maestras, psicólogos, psiquiatras y que tratan sus problemas cotidianos, afirman que los niños y adolescentes están necesitando padres que marquen los límites con claridad, padres que sepan lo que quieren para sus hijos, y que actúen sin temores a equivocarse. Es un deber y un derecho de los padres marcar esos límites. Nuestros hijos los necesitan y tienen el derecho de tenerlos. 

El psicólogo argentino Miguel Espeche insiste en decir a los padres que no tengan miedo a actuar,  que se animen a “ser padres”, que no hay nada peor para los hijos que ver a sus padres inseguros. Ellos necesitan ver a sus padres actuando, tomando decisiones, aunque no siempre sea lo que ellos creen que les conviene.
La madre que relega el festejo familiar de su cumpleaños para que su hijo de 12 años vaya a una reunión de amigos, le está mandando el mensaje de “yo no soy importante, tú sí.” Y así lo tomó su hijo. No tuvo ningún reparo en ignorar el cumpleaños de su madre para salir con sus amigos.

Los padres que aceptan ir de vacaciones con su hijo y su novia (de 15 años!!) conviviendo como una pareja, sin estar de acuerdo con esa situación, no supieron cómo decir “NO” y transmitieron a su hijo el mensaje de “tu sabes lo que es bueno para tí, nosotros no”. 

Quizás cayeron también en el error que muchas veces cometemos los padres, de no tener en claro qué es lo que queremos enseñar a nuestros hijos.  Y este es el problema básico del momento: “no saber”. Porque el no saber qué hacer nos da miedo, y el miedo paraliza, y como nos paraliza, no hacemos nada. Entonces, los hijos ven unos padres inseguros, que no saben qué hacer y por lo tanto no hacen nada.

Por lo tanto, el llamado a los padres debería ser “anímense a educar”. Si tenemos dudas, consultemos a quien nos parece que sabe. Y también tengamos cuenta que equivocarse es parte del crecimiento, por lo tanto no tengamos miedo al error. Confiemos más en nuestro instinto, y así marquemos un rumbo a nuestros hijos, aunque ellos no estén de acuerdo. Después de grandes, tendrán la libertad de tomar por otros caminos. Pero para poder elegir tienen que tener opciones, y es nuestra responsabilidad mostrarles cuáles son para nosotros los mejores caminos.


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