El elogio, la mejor herramienta para educar en valores


El elogio, la mejor herramienta para educar en valores
Todos los padres quieren la felicidad para sus hijos. La forma de asegurar que la consigan es proporcionándole al niño un mundo que estimule las conductas que generan felicidad. Lo que los niños piensan de ellos mismos se debe en primer lugar y sobre todo, a la forma como son tratados por sus padres, en especial a lo que se refiere al estímulo de conductas apropiadas.

Lo más importante para todos los niños es tener un repertorio adecuado de comportamientos que les ayude a construir bases interiores sólidas para la felicidad; conductas que perduren hasta mucho después de la niñez, durante (Aquí falta algo.) toda sentimientos de amor propio y de autoestima, que los padres pueden cultivar y que son la boleta de entrada al mundo de la satisfacción, del éxito y la felicidad.

Existen dos elementos fundamentales para la madurez y esenciales de la vida humana: Relaciones interpersonales: EL AMOR y metas: EL TRABAJO. El amor, en el sentido más amplio del término, se refiere a las habilidades sociales: cómo nos llevamos con los demás, cómo nos relacionamos con los que nos rodean. El otro elemento es el trabajo. El primer trabajo de un niño es conocer el mundo. Con el estímulo adecuado y la alegría de estar siempre descubriendo, se conducirá a una sed permanente de aprender. También llevará a tener un objetivo aún más importante: que su sentido en este planeta es contribuir a una meta útil.

El amor y el trabajo no existen en el vacío, funcionan a través de la conducta que es algo que los niños aprenden de sus padres. A su vez, los padres tienen que aprender técnicas sencillas y naturales para cultivar en sus hijos el repertorio de comportamientos que los llevará a alcanzar el éxito en el amor y en el trabajo. Lo que haremos con esta Nota Técnica es aprender a estimular los comportamientos que lograrán el éxito en estas dos áreas básicas de la vida.

Hay dos razones por las cuales los padres deberían atender a su(s) hijo(s): por nada, simplemente porque lo(s) aman y para estimular el comportamiento que hará que el niño se sienta orgulloso. Debemos alentar acciones que produzcan sonrisas de orgullo y de éxito. Debemos estimular comportamientos que en el futuro producirán felicidad.

Lo valioso de un elogio

Si el comportamiento no es percibido o se olvida, el niño no tiene manera de saber que ésta es la conducta que los padres consideran valiosa y apropiada. Si el comportamiento no ha sido estimulado dentro del hogar, el niño lo podrá repetir por azar, pero es poco probable que lo repita porque usted lo quiere. Como con mucha frecuencia tener buenas noticias significa que no haya novedades, las malas noticias (o el mal comportamiento) nos dan algo de qué hablar y eso es lo que hacemos. El “mal comportamiento” rara vez pasa sin comentarios.

Al comprender la realidad de la conducta de su hijo, al establecer diferencias adecuadas en su respuesta y al utilizar sus grandes poderes de elogio y aprobación, usted puede ser un mejor padre y puede tener un hijo feliz. Pues, sin duda alguna, los padres son los mejores maestros de sus hijos y los mejores terapeutas. Depende, entonces, de los padres ser selectivos a la hora de decidir qué comportamiento recibe, debido a que antes de la adolescencia los padres son las personas más influyentes en la vida del niño.

Todos estos métodos para manejar los problemas de conducta implican dedicar al niño tiempo y atención exclusivos. Y a los niños, les encanta la atención, sobre todo cuando viene de las personas más importantes de su vida, sus padres. Ellos no se preocupan necesariamente por la naturaleza del comportamiento que atrae esa atención.

Lo que se trata de enseñar a los padres, con esto, es que es casi tan fácil estimular la conducta positiva como la negativa y que pueden lograr el comportamiento que piden cuando saben cómo hacerlo. La atención y el estímulo también pueden ser la respuesta al “buen comportamiento” (valorado) —madurez, ser un buen amigo, ser responsable, generoso, honesto y considerado—, si usted aprende a verlo cuando sucede y si sabe cómo utilizar el poder de elogio que tiene como padre; si usted hace que los comportamientos valorados sean buenos para el niño, él los va a repetir. Cuando lo elogia, estimula sus sentimientos de amor propio y el niño empieza a sentir que es una persona valiosa. Un niño que tiene sentimientos de autoestima, que se quiere a sí mismo, es un niño feliz.

La base de todo está en estimular el tipo de conductas que los padres valoran, ya sea opuesto o idéntico a la forma en que cualquiera de los padres se comporta. Lo vital es que las personas importantes en la vida del niño busquen los comportamientos valiosos y los estimulen. El ejemplo que usted da no es tan útil o perjudicial, como lo que usted estimula con su tiempo, atención y elogio y la forma en que lo hace. Con toda seguridad será mejor que hablar sobre lo que estuvo mal. Usted está en capacidad de enseñarle a su hijo conductas y sentimientos que reflejen sus valores y los valores que quiere que tenga toda la vida.

El mejor momento para enseñar

El momento propicio para enseñar que es la clave para enseñar valores y conductas, se da justo después de elogiar a un niño por algo que ha hecho y que a usted le agrada, que representa un comportamiento valioso que a usted le gustaría que se repitiera y más que repetirse, que se volviera parte de su personalidad.

El elogio solo funciona cuando envía un mensaje específico y positivo: vi lo que hiciste; me interesaron las cosas lo suficiente como para tomar nota exacta de ello; lo que hiciste me agradó; lo que hiciste es un comportamiento valioso.

Los niños necesitan que alguien se sienta orgulloso de ellos antes que puedan desarrollar sentimientos de autoestima. No es ninguna virtud portarse bien los primeros años, si ese comportamiento es poco más que un accidente afortunado y realmente no se sabe todavía qué: es “gratificación” de la virtud; se da cuando las palabras de refuerzo, de elogio externo, se interiorizan gradualmente en un patrón de carácter de causa y efecto: “Soy una persona valiosa”.

El elogio es uno de los más poderosos motores de enseñanza que los padres tienen a su disposición. Es un poder que todos pueden utilizar para crear afecto y cariño entre las personas. Funciona entre amigos, esposos, compañeros de trabajo e, incluso, entre extraños.

Al final, el comportamiento que debe ser más estimulado en nuestros hijos es el cariño y la preocupación por los demás. Los vínculos de afecto que resultan de allí son la única fuente segura de lo que más deseamos para ellos, la felicidad.

El propósito del elogio y sus efectos tienen tres aspectos:

1.- El elogio hace más probable que la conducta elogiada suceda más a menudo en el futuro.
2.- El elogio aumenta el amor propio del niño
3.-El Elogio aumenta los vínculos de afecto entre padre e hijo

Unas pocas palabras adecuadas de aliento, dichas en el momento correcto, pueden tener un fuerte impacto inmediato, pero su mayor efecto es lo que pasa después, mucho más allá de la niñez.

Así se siembran las semillas del comportamiento positivo:

  • “Fue muy maduro de tu parte cambiarte la ropa sola. Me gustó mucho” 
  • “Le diste las gracias muy amablemente a la abuelita cuando te dio el regalo. Me sentí orgullosa de ti por ser tan amable”. 
  •  “Me gusta cuando me ayudas a poner la mesa como una persona grande”. 
  •  “Tomaste muy bien el mensaje de, eso fue muy responsable de tu parte”.

A los padres que fomentan sistemáticamente conductas positivas en un niño, con frecuencia se les dificulta creer los cambios impresionantes que ocurren en un tiempo tan corto. Actúan como si la mejoría se diera por alguna otra razón. Los beneficios del estímulo adecuado durarán toda la vida y la necesidad de seguir estimulando disminuirá gradualmente con el tiempo.

Los cimientos para los largos años que hay entre la adolescencia y la vejez, se establecen durante los primeros doce años de vida cuando el conjunto de comportamientos de lo que podríamos llamar la personalidad del individuo se aprende bajo la orientación de los padres.

“Educar niños felices significa crear las condiciones para que sean adultos felices, que encuentren las satisfacciones de la vida al alcance de su mano en vez de estar eludiéndolas siempre”.


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