Lo positivo de pedir disculpas


Lo positivo de pedir disculpas
Por Mª. Ángeles Pérez Montero y Francisco Javier Rodríguez Laguia

Pedir disculpas sirve a nuestros hijos a aprender lecciones imprescindibles para la vida. Se lo debe hacer con la sinceridad suficiente y en el momento oportuno.

Todos sabemos que somos fruto de la relaciones con nuestros semejantes; de cómo esas relaciones se desarrollan. Estas relaciones se manifiestan en un ambiente más o menos familiar, libre, dirigido, afectivo, etc.

Sí es verdad que sea el ambiente que sea, todos hemos asumido desde pequeños que existen unas normas establecidas por los adultos que debemos cumplir; es lo que llamamos heteronomía moral, porque es algo que está impuesto o establecido por otros. Ante esta realidad cabe preguntarse qué ocurre cuando alguien incumple una norma de forma intencionada o no.

También se nos enseñó desde pequeños, que hay que pedir disculpas puesto que se trata de una norma social establecida que sirve para respetar a los demás y ser respetado. Pues bien, qué ocurre cuando el que tiene que pedir disculpas es un adulto, ¿sabe hacerlo?, ¿pide disculpas a quien realmente tiene que pedirlas?, ¿pide disculpas en el momento adecuado?, ¿cómo se siente el adulto cuando pide disculpas a un niño?, ¿cómo nos sentimos nosotros cuando sabemos que tenemos que pedir disculpas a nuestros hijos y no lo hacemos?

Disculpas con auténtica sinceridad

Realmente, y creo no descubrir nada con esto, posee gran efectividad pedir disculpas a un niño por la enseñanza que entraña para él y por el alto valor educativo que comporta. Las primeras veces que un niño recibe disculpas de un adulto aparece cara de incredulidad. El adulto para el niño es el patrón de conducta que “normalmente” no se equivoca, suele hacer las cosas bien, ..., pero efectivamente, hay ocasiones en que también comete errores y a veces de bulto.

Lo que ocurre es que hay disculpas y disculpas. No nos referimos a esa disculpa informal, de un error sin trascendencia, que por otro lado, también es conveniente reconocer. En este caso, las disculpas que más efecto producen en el receptor son las de auténtica sinceridad, las de verdad. Estas disculpas hacen más vulnerable al adulto y hacen más iguales a todos. En las ocasiones en que se pide disculpa de forma sincera se trata con la persona auténtica, no con el adulto, con el padre o madre que están habituados a tratar los más pequeños de la casa.

Cuando los pequeños de la casa ven auténtica sinceridad en alguna disculpa que hacemos se suele producir, de forma implícita, un acercamiento entre los miembros de la familia o del grupo social al que se pertenece. Un mayor entendimiento y sobre todo respeto y admiración entre todos porque existe en el ambiente lo que conocemos como sinceridad que podríamos afirmar que es uno de los componentes fundamentales de una buena disculpa. Se trata en definitiva, de dejar aflorar en nuestras manifestaciones y conducta la persona de carne y hueso que llevamos dentro.

Por otro lado una vez que nos acostumbramos a pedir disculpas, comprobamos cómo la relación entre los miembros del grupo se hace más afectiva y se estrechan más los lazos de unión. Y es que llama la atención ver que estamos más predispuestos a pedir disculpas a un adulto, amigo, vecino, etc. y nos cuesta más hacerlo con los más pequeños, con nuestros hijos, siendo que el resultado y efecto positivo que se alcanza es muy grande.

La lección que los hijos sacan

Practicar la disculpa con los hijos les enseña muchas lecciones a parte de conseguir una relación sincera y verdadera entre padres e hijos. Para saber las consecuencias positivas que se consiguen con las disculpas, seguimos a Reynold Bean en su libro “Cómo ser mejores padres” de Círculo de Lectores que nos aporta una lista clara de estas lecciones que aprenden los hijos de las disculpas:

1. Aprenden que no tienen por qué tener siempre razón y que, aunque estén equivocados, siguen siendo buenas personas.
2. Aprenden que hay que admitir un error antes de poder corregirlo, y que corregir errores es importante. 
3. Descubren que pedir disculpas es difícil, y que hay que ser fuerte para hacerlo.
4. Ven una muestra de sinceridad, que tal vez no vean en otra parte.
5. Aprenden que una buena familia repara los malos sentimientos que se producen entre sus miembros. 
6. Aprenden la virtud de perdonar a los demás cuando pierden temporalmente el control.
7. Aprenden que la disculpa es una forma de reconocer que otra persona es digna de respeto.
8. Aprenden que no es necesario alimentar rencores porque uno se sienta culpable por algo que ha hecho. Todo el mundo empieza a odiar a la persona hacia la que alberga un sentimiento de culpa.
9. Aprenden a pedir disculpas a sus padres cuando les han ofendido, y a resolver sus remordimientos y su complejo de culpa.

¿Cuándo se deben pedir disculpas?

Ya se ha comentado en apartados anteriores que la disculpa es sincera y manifiesta algo profundo en la persona que pide las disculpas. No hablamos de pedir perdón por molestar al otro, por no hacer algo que beneficie al prójimo, etc. Si hay algo que puede ser peligroso para el niño no se debe conceder pese a que el niño se moleste y se enfade.

Por este hecho no hay que pedir disculpas puesto que los niños llegan a ser manipuladores y pueden sacar la conclusión de que sus padres se sienten responsables por hacerles sentirse mal. Si llegan a esta situación tenderán a sentirse mal a menudo para conseguir sus propósitos. Conclusión: el adulto no debe sentirse mal continuamente, ni sentir una culpa excesiva por lo que hace.


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